Que complicado es hacer malabares con la vida. Desde hace unos meses me veo a mi misma como el Conejo Blanco de Lewis Carrol, y estoy por comprarme un reloj de bolsillo y llevarlo en alto delante de la cara mientras grito por la calle "Llego tarde!! Llego tarde!!".Posiblemente alguien me miraría mal, o no, porque entre hombres grises y conejos blancos, parece que nadie se entere de nada. La realidad supera a la ficción en esta especie de carrera hacia ningún sitio. Quizás detrás del espejo se esté un poco mejor, o no, a lo mejor me tomo un té con un sombrerero o a lo mejor acaban cortándome la cabeza. En cualquier caso, esta es mi realidad y no puedo cambiarla por otra cualquiera a mi antojo.
Las realidades que nos tocan vivir suelen ser siempre decepcionantes, ya que siempre esperábamos más o mejor, o un poco de ambas cosas. No me entendáis mal, yo no soy una persona infeliz, ni mucho menos, pero no me gusta lo que veo a mi alrededor. Ni lo que escucho. Hoy es un día de crítica, de crítica a la crítica, valga la redundancia, porque todos tenemos un límite de saturación ante la mediocridad y estupidez recalcitrante.
Siempre me habéis escuchado hablar con positivismo y fuerza, ya que es parte de mi forma de ser, algunas virtudes tendría que haber entre los defectos habituales. Hoy sin embargo, afilo cuchillos y empiezo a cortar sin piedad. A golpe de lunes. Aunque dudo que sirva para algo más que para que pierda algún seguidor en twitter, ese fantástico medio en el que tiene más fuerza un pez que hace glu-glu y chistes de peceras que grandes figuras relacionadas con la cultura de este País.
Vayamos por partes, como diría Jack. Estoy harta de muchas cosas, ya que la vida, el entorno y este fantástico momento por el que está pasando España es suficiente para deprimir a la mismísima Donna Reed con delantal y todo. Nos pasamos el día tocando madera y esperando mantener lo poco que tenemos ya que el suelo se tambalea todos los días bajo nuestros pies. Los que tenemos suerte de tener un trabajo, luchamos por mantenerlo y vivimos con la esperanza de que tarde o temprano, las aguas vuelvan a su cauce. Y de que todas esas personas válidas que nos rodean y ya lo han perdido, vuelvan a tener la suerte de levantarse de sus cenizas y reciclarse en algo mejor. Si pueden. O si les dejan.
Y entre todo este panorama tan halagüeño, he abandonado mi habitual diplomacia y la he metido en un cajón. Y ahí va a quedarse, al menos hasta que acabe este post. Hoy es un día para usar mi maletín de cuchillos, más que como cocinera, como Dexter.
Queridos y queridas sabelotodos críticos del mundo, vamos a llamaros SCDM. Estoy harta de vosotros. Y no es algo a título personal, a mi que me critiquen me da alas para volar mas alto, es la tónica general lo que me molesta. Desde que tenemos wikipedia todos sabemos de todo, y desde que tenemos tutoriales web somos expertos en cualquier cosa. Sabemos más que los médicos, arquitectos, mecánicos, políticos, periodistas y un largo etcétera de respetables profesiones que no voy a plasmar aquí.
Esto es España señores y mientras no dejemos de ser cómo somos no mejoraremos. Qué sentido tiene vivir detrás de una valla criticando el cemento que le están poniendo al ladrillo,- bueno, ladrillo casi no ponemos ya tampoco, pero la filosofía es la misma-.
Queridos SCDM, salid de la valla y haced algo que no sea criticar a los demás, dejad de hablar de lo mal que lo hace todo el mundo y vivid vuestra vida. ¿O tenéis miedo a no ser suficientemente válidos?
Amparados en la libertad de expresión, conseguís que me cabree hasta el hartazgo de leer vuestros comentarios negativos y jocosos de diversa índole cargados de dosis de ignorancia supina. Somos así, no hacemos nada y lo criticamos todo. No señora, Arguiñano sí sabe cocinar, puede que a usted no le guste, pero resulta que sí sabe. No señor, Ferrán Adriá no es un payaso mentiroso, es un crack del marketing y la creatividad. No señora, usted no cocinaría mejor que el del restaurante de enfrente, usted cocinó una paella el domingo, y el tiene que servir 200 mesas. No señor, no se puede crucificar a Chicote y decir que es un inútil porque usted piense que su programa es una patraña, resulta que lo ha hecho bien y ha conseguido una audiencia brutal en España. ¿Que no lo entiende? Yo tampoco lo de Belén Esteban y ahí la tiene con sus chalets y su cara de Dorian Gray.
Y seguimos, que todavía me quedan afilados unos cuantos cuchillos. No señor, no pasa nada si en Galicia utilizamos o fusionamos una técnica o un ingrediente foráneo con un berberecho, los pilares de la cultura gallega no se tambalean, ni los trajes ni las gaitas, ni nuestros escritores, poetas, ni las raíces de nuestro lengua se esfuman como por arte de magia. Y seguro que más de uno de estos defensores con estandarte en mano escribe sus brillantes comentarios sentado al ordenador comiendo pizza o desde su casita de Las Rozas.
No señora, los hosteleros de este país no son unos listos que se están forrando, son unos trabajadores sin descanso que luchan continuamente por servir lo mejor posible a un grupo de gente exigente que la mitad de las veces no tiene paladar. Pero sí mucha mala leche y ganas de criticarlo todo, alto y claro, porque hoy por hoy todos somos Chefs.
Y hay que criticar. Está de moda. Se hace una campaña y se critica. Se hace una iniciativa y se critica. Se abre un restaurante y se critica. Haces un trabajo y todo el mundo lo critica. Y lo mejor, las personas que más critican, son las que menos hacen. Y las que menos experiencia tienen. Es genial. Creo que lo mejor será no hacer nada. Y luego podré criticarlo todo y sentirme henchida de orgullo.
Tengo la suerte de haber recibido muchas críticas positivas en mi vida, tengo la suerte de trabajar en una profesión que adoro, y tengo la suerte de tener la piel tan dura como la del tiburón y limar las asperezas de las negatividades que me pasan rozando por el costado.
Os juro que si tuviera que criticar todo lo que veo diariamente que no me gusta, no daría abasto. Ningún títere con cabeza. No dejaba vivo ni un solo SCDM. Pero a menos que alguien me pregunte mi opinión, dejo las críticas negativas aparcadas porque siempre me ha gustado más construir que destruir.
Os voy a dar dos consejos queridos SCDM. Y el que se pique, ajos come. El primero es que si vais a criticar sin ton ni son al menos lo hagáis con elegancia y usando vuestra capacidad retórica para bailar entre el sarcasmo y la ironía. Segundo, uno muy bueno que me dió mi madre: Si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada.




















